sábado, 27 de diciembre de 2014

Luces y sombras (hikari to kage, ひかりとかげ, 光と影)



En los alrededores de la estación de Yokohama es frecuente ver a un hombre de cierta edad en una de las salidas principales.

Nunca hemos cruzado miradas desde hace año y medio, aunque yo le observo cada día que paso. Se cubre con una gorra que ora le resguarda de los rayos del sol ora le protege del viento y el frío. Su barba, desaliñada -seguramente menos de lo que cabría esperar en su estado-, un abrigo largo, que le llega hasta las rodillas, un pantalón de lona y unos zapatos negros sin ninguna floritura son todo el complemento que necesita. Todo ello muy usado pero magníficamente conservado, dadas las circunstancias.

Día tras día, llueva, truene, haga sol, viento o tormenta, nos cruzamos momentáneamente. Yo, mudo de piel, cual serpiente, en función de la necesidad -trabajo, ocio, recados varios-, él, como si se tratase de un personaje de tebeo, uno triste y solitario, aparece ante mí siempre con lo puesto. Siempre igual. No creo que pueda permitirse más. Cuando no está descansando camina despacio. No tiene prisa. A buen seguro, nadie le espera en ninguna parte. No molesta ni hace ningún ruido. Solamente pasa las horas y las horas le ven pasar a él.

La realidad de este hecho (verídico, puedo constatar) es una constante en muchos lugares de Japón. En un país tan brutalmente capitalista y superpoblado, es inevitable que haya un número de personas pobres. Pasa hasta en los países más poderosos (quizá incluso más, ya que el contraste es mayor) y cada civilización, que no hace honor a su nombre, trata a los desamparados de diferentes maneras. Con ayudas sociales o con represión, en un abanico amplio en el que rara vez la suerte sonríe al mismo colectivo.

No hay ciudad -cuando menos las más grandes- en la que no haya un barrio más pobre que otro, chalets de lujo, barrios residenciales, pisos, viviendas de protección oficial, suburbios y chabolas… En el país en el que el astro rey despierta a sus habitantes cada mañana antes que al resto de congéneres, la realidad es la misma, aunque el talante sea otro.
Recientemente ha aparecido en otro dominio web (una página de verdad, no este panfleto) un interesante artículo sobre la vida de la gente pobre en estos barrios, de la mano del profesor universitario Tom Gill: http://www.nippon.com/es/column/g00232/, altamente recomendable para cualquiera que quiera ahondar en este tema, que no ha hecho sino recordarme las luces y las sombras de la sociedad en la que vivimos.

Volviendo al pobre en cuestión, confieso que me gustaría darle unos yenes cada vez que paso, un buen bocadillo o algo de ropa, pero nunca me he atrevido. Desconozco su historia pero él no pide nada, como el resto de los pobres en todo Japón, aunque algunos estén en la más absoluta de las miserias. Sencillamente está allí día tras día. No quiero abochornarle porque, aunque sé que le vendría bien más de una cosa que pueda ofrecerle, puede que sea un deshonor tal que se vea obligado a rechazarlo. Mi destreza con el japonés no es tan elevada para entender una explicación de ese calibre y mi conocimiento sobre las buenas maneras me aconsejan no hacerlo, al menos de momento.

Un día más, anochece y los neones van iluminando las calles. Junto a él, a apenas un par de metros hay una mujer de negocios bebiendo un líquido al que las grandes compañías se atreven con desvergüenza a denominar café y a cobrarlo como si lo fuera con más desvergüenza todavía, ajena al señor que se sienta a su lado y que lleva una vida tan completamente diferente a la suya. Mañana serán unas colegialas que se han acercado al centro para hacerse con el último modelo de iPhone porque para eso lo inventan, para que la gente lo compre. Tal vez dentro de un rato unos abuelos se sienten a descansar los fatigados pies tras un día de compras con los regalos de Año Nuevo para los más pequeños de la casa. Todos ellos harán lo mismo. Ignorarán al ente que está a su lado como si fuera una pieza más del mobiliario urbano. Se irán a sus respectivos hogares y él seguirá allí, impasible.

No es mi ciudad natal, las temperaturas no han llegado a estar bajo cero, aunque el  parte meteorológico afirma que en las próximas horas se alcanzará tal cifra sin dificultad. El buen hombre seguirá allí (tal vez, con suerte, duerma en otro lugar), si no esta noche, mañana. Volveremos a cruzarnos de nuevo y la misma sensación recorrerá mi mente. Culpabilidad, cierto temor futuro (nunca se sabe si un día uno podrá acabar igual, si la vida se vuelve del revés) y la sensación de que la sociedad hace ya tiempo que ha perdido el tren, una sociedad enferma que en mi país de origen trata con más brutalidad todavía a los pobres, que por si fuera poco son muchos más que aquí, pero que constata que da igual la latitud. Luces que se iluminan y sombras que se alargan las hay en todas partes.

sábado, 20 de diciembre de 2014

Preguntas y respuestas II (shitsumon to kaitō ni, しつもんと かいとうに, 質問と回答二)



La vida está llena de preguntas. Unas tienen solución (las menos, tristemente y no siempre las correctas) y otras no. Sobre las costumbres de los japoneses, la mayoría tienen una respuesta enrevesada pero desde el blog, humildemente, trato de responderlas como buenamente puedo. Juzguen ustedes mismos en esta segunda y de momento última tríada de cuestiones:

¿Por qué las calles no suelen tener nombre? Y lo más importante. ¿Cómo pueden organizarse con este sistema?

Aquí conviene decir que, como residente en Japón, seguramente estaría perdido si no fuera por Google Maps y el GPS, pero lo cierto es que el sistema funciona y la gente llega a sus destinos, los paquetes, cartas y propaganda también. No obstante, las avenidas principales sí tienen nombre, pero son una minoría.

El sistema es complejo (reconocido por los propios japoneses), basándose en el distrito, que sí tiene nombre, para seguir con unas demarcaciones (barrio chome (丁目), manzana ban () y bloque-edificio go (),) que podrían parecer arbitrarias (y tal vez lo sean), pero que, como ya he dicho, funcionan sin demasiados problemas. Así las direcciones rezan algo así: Shibuya, 2-3-2 y después el número de la planta y el número o la letra correspondiente al piso. Como bonus extra, para añadir quizá mayor hándicap para los turistas, los edificios en Japón no tienen planta baja o planta 0 (cero) sino que comienzan desde la primera planta. Son unos cachondos. 

¿Por qué los japoneses conducen por la izquierda?

Resulta curioso, es cierto. Mucho más teniendo en cuenta que son de los pocos países que no han sido colonia inglesa estrictamente hablando (Inglaterra ha tenido gresca con casi todos los países del mundo a lo largo de su historia, son buena gente, pero un poco batalladores), se han disputado algunas islas, pero no se puede decir que Japón como país haya sido colonia. 

No obstante, lo que sí han hecho bien los ingleses son las líneas ferroviarias y otras comunicaciones. Tan bien que, cuando Japón- que hoy es puntera en este aspecto y mira por encima del hombro a cualquier otro país- comenzó a desarrollar su infraestructura actual de trenes e incluso sus carreteras más emblemáticas, que en estas fechas cumplen 50 años, fueron ellos, los hijos de la Gran Bretaña, los que ganaron el concurso público en el que participaron también Francia y EEUU, que se quedaron con dos palmos de narices viendo cómo, ya de paso, los británicos imponían su sistema siniestro -se mire como se mire- y los nipones, muy respetuosos ellos, especialmente ante el trabajo bien hecho, decidieron mantenerlo.

Para un occidental sin experiencia en estas lides, entre la escritura de kanji en los letreros, la ausencia de nombre en las calles y el sistema opuesto de conducción, la conducción se puede volver una auténtica misión imposible.

¿Por qué se pixelan las películas X? (las otras no necesitan pixelado, ya que no se enseña nada)
 En Japón hay un sistema de censura. Esto es así. Es uno de los países más evolucionados del mundo en determinados ámbitos -en algunos directamente no tiene rival-, pero para ciertas cosas sigue siendo tradicional hasta el tuétano y muy restrictivo con comportamientos que se salen de madre. Puestos a hilvanar temas y ya que la pregunta cierra el post que así comenzó la semana pasada, los ingleses que comenzaban siendo protagonistas directos de la pregunta de las carreteras, también se han apuntado a la moda de censurar las conductas sexuales de sus conciudadanos, con airadas protestas al respecto.

No es que sea nada nuevo. Todos los países tienen un organismo que juzga qué películas son aptas para determinado público y qué películas no lo son. En Japón lo que hacen es ir más allá y exigen que las partes pudendas de los que se prestan a la faena se tapen de alguna manera, ya sea con un mosaico o pixelado, ya sea directamente con una franja negra, que quita bastante realismo a la situación, todo hay que decirlo. La curiosidad principal radica en que son las propias productoras las que, al menos dentro de sus fronteras, se encargan de todo este engorroso proceso (nunca como aquí dicho adjetivo) ya que si no, el departamento  de visionado y catalogación lo corta de raíz.

Como toda censura, acaba saliendo por otra parte y no es extraño ver desviaciones muy, pero que muy severas con fetichismos extraños, morbosos, sórdidos y asquerosos, muchas veces contados por medio del hentai, el manga/anime de carácter erótico/pornográfico en el que lo más suave es un bukkake (si no saben lo que es, no hace falta que lo miren tampoco, del que sólo digo que es una creación made in Japan) y de ahí a cosas raras, pero raras de verdad, hay un paso.

sábado, 13 de diciembre de 2014

Preguntas y respuestas (shitsumon to kaitō, しつもんと かいとう,質問と回答)

En uno de mis numerosos viajes por la piel de toro, recalé en Barcelona con mi mujer, japonesa ella. Allí pasamos unos días maravillosos, incluso en pleno invierno, recorriendo la ciudad. Después de una deliciosa cena con unos amigos regresamos al hotel en el que nos alojábamos. Tras las abluciones de rigor nos encontramos en la cama y un servidor, que tampoco es que encienda mucho la televisión, decidió sin embargo hacer un poco de zapping antes de dormir. Francamente, no había advertido que era viernes  -con el cansancio, bastante tenía con saber dónde me echaba a descansar- pero apareció, sin esperarlo, una escena de cine X en la pantalla, ante mi indiferencia y la estupefacción de mi mujer. 

No obstante, su mayor consternación no era el hecho carnal per se, que así visto, cada cual es libre de grabarse manteniendo relaciones sexuales con quien quiera y más o menos como quiera (otra cosa es que luego lo emitan). De ello vive mucha gente en Internet y en la industria. No. ¡Lo sorprendente era que se les viera todo! Incluso estando desnudos.

Yo no me considero ni mucho menos un mojigato, pero reconozco que en aquel momento no estaba al tanto de las normas de pudor y censura que imperan en Japón que no permiten mostrar los genitales delante de una cámara, ni siquiera en una película pornográfica. Tras su explicación, el que estaba estupefacto era yo. Ni que decir tiene que ello conllevo un acalorado (no va por donde ustedes se piensan, que siempre estamos a la que salta) debate, con preguntas del tipo:

¿Qué sentido tiene la pornografía si al final te van a tapar lo que la gente quiere ver? Para eso hay otros géneros...

Tampoco es que la discusión llegase a ningún término concreto ni a ninguna conclusión razonable -como la inmensa mayoría de las que suceden en pareja- y cada uno se durmió pensando que tenía más razón que un santo que tuviera mucha y que el otro debía de venir de una galaxia muy, muy lejana. Y como suele suceder también con muchas parejas, la cosa estaba olvidada por la mañana, sin ningún rencor, que si no, no hay quien viva.

La cuestión es que, del mismo modo que les puede suceder a los nipones cuando se "acercan" a España o a otro país, como esta pregunta, surgen un ciento, por no decir un millar durante una breve visita a Japón y no digamos si uno, además, se queda a vivir, porque entonces se multiplican exponencialmente. Somos diferentes y eso puede resultar interesante, exótico, atrayente, pero también genera cierta confusión en no pocas ocasiones. Veamos algún ejemplo de esa larga lista:

¿Por qué los japoneses se descalzan al entrar en casa/en la inmensa mayoría de los edificios/establecimientos/templos? Las causas son diversas aunque todas ellas entroncan con el sentir nipón. La respuesta más corta es por higiene/limpieza (la suciedad de la calle se queda en el recibidor, habilitado a tal efecto, y más teniendo en cuenta que en muchas casas todavía se usan suelos de tatami costando menos mantener limpia la casa) y por respeto (hay cierta ceremonia innegable asociada al hecho de descalzarse antes de entrar en una casa ajena o un templo, como un tipo de sumisión aunque relativamente sutil; no es, ni mucho menos la única cultura que lo aplica: ahí están los musulmanes en las mezquitas). Esto conlleva algunas ventajas, siendo las más representativas la limpieza y el silencio y un sinfín de desventajas como la cantidad de tiempo empleado en calzarse y descalzarse cada vez (como se olvide de algo al salir de casa lo recordará) y el frío en los meses de invierno, ya que, como es sabido, por los pies se pierde una gran cantidad de calor, especialmente si no se cubren y se mantienen en contacto con suelos también fríos.

¿Por qué los japoneses están tan delgados? En primer lugar, cabe decir que hay japoneses gordos y rollizos como en cualquier otro país. Tiempo atrás hablé de un Falete japonés que no es, lo que se dice delgado y tampoco es el único. Sin embargo, el porcentaje de personas con “barriguita”, caderas generosas y otras carnes flácidas es muy inferior al de otros muchos países, eso es innegable. La razón básica, como es natural, se encuentra en los hábitos alimenticios. Los japoneses, por norma general, comen menos carne y no digamos postres (prácticamente inexistentes en muchos restaurantes, aunque con la comida rápida emergiendo, los donuts y el resto de bollería se han implantado rápidamente, amenazando con acabar con estas costumbres y, ya puestos, con las tallas pequeñas). Muchos de sus alimentos básicos son realmente saludables, así que no sorprende que, además, tengan la esperanza de vida más larga de todo el globo. Su ritmo vital, ciertamente estresante en muchos casos, por su parte, contribuye a mantener las formas, mejor que muchos gimnasios, algo que un número nada desdeñable de ciudadanos visita con frecuencia, incluida la población jubilada, algo ciertamente loable.

¿Por qué los japoneses son tan confiados? Está en su naturaleza. Probablemente a los españoles, latinos y europeos en general nos sorprenda este hecho, pero en Japón a veces se dejan productos en la calle, en pequeños puestos sin vigilancia y la gente los coge previo pago. Ese dinero queda también en la calle sin que nadie robe nada y al final, el encargado recoge todo sin que haya fraude ni problema alguno. Esto, por descontado, no es más que un ejemplo de las múltiples situaciones, lo que no quiere decir que sea todo jauja, que todos los japoneses sean maravillosos y que no tengan seguridad y cámaras en cada rincón, de todo hay, como en botica, pero, una vez más, en menor medida y se suele castigar con dureza cualquier mal hábito, para que no se reproduzca. Los problemas aparecen cuando son ellos los que nos visitan. No son pocos los que han sufrido robos y otras situaciones embarazosas por parte de algunos “listos”, especialmente en las grandes ciudades.

sábado, 6 de diciembre de 2014

Dragon Ball II (doragon booru ni, ドラゴンボールに, ドラゴンボール二)

Recuerdo, no sin cierta añoranza, la emoción vivida ante cada nuevo episodio de Dragon Ball. El hecho de que apareciera con bastantes años de antelación en las televisiones autonómicas -TVG, ETB…- que en la nacional, permitió a muchos niños ver a estos nuevos y popularísimos personajes hablando euskera, gallego o catalán con total fluidez, como si nunca lo hubieran hecho en japonés y mucho menos en español. 

Nada tiene más poder que los vegetales...
Eran tiempos de bocata de nocilla, o de chorizo, paté y hasta membrillo con queso como merienda, pero siempre frente a Goku y su pandilla. Cuando por fin llegó a la televisión nacional, muchos conocíamos las peripecias de estos personajes al dedillo, teníamos las colecciones de cromos, los muñecos de acción (los primeros fueron unas gomas de borrar antropomórficas y monocromas, que no borraban nada pero entretenían mucho), o los posters, las pegatinas y finalmente los tazos y las canicas, que de todo hubo. Eso sin contar los videojuegos: para llegar a los de lucha actuales, tremendamente elaborados, hubo que tragar muchos títulos en las consolas y máquinas recreativas de menos bits. En su momento parecían buenos, pero ahora son auténtica morralla.
Y todos los nervios, la expectación, la emoción contenida servían para ver a un muchacho moreno que, irónicamente cuando se “ponía negro” lo que hacía era volverse rubio de ojos verdes y ahí era cuando la cosa se ponía seria. Las piedras empezaban a elevarse metro y medio del suelo (rebasando a Krilin con rapidez) y la música se volvía más rápida, dando a entender que lo que venía a continuación no era moco de pavo.

El manga por su parte era diferente. Un personaje profusamente dibujado en la introducción, una portada a color y menos contenido que el anime pero la misma miga, como la del bocata.  No se andaban con milongas ni relleno. Iban a la historia y las peleas que era lo que la gente quería ver/leer. Si había personajes suprimibles, se eliminaban, como si nunca hubieran existido. El que quisiera verlos que se preparara un bocata y se pusiera a ver la tele…

Años después, con toda la información de Internet y echando la vista atrás la única conclusión plausible para la historia de las bolas del dragón se traduce en un único sentimiento: Toriyama era  y probablemente es un cachondo mental. Así sin más. Y no son pocos los motivos.

Eiichiro Oda realizó este homenaje a Dragon Ball
Todos los nombres de Dragon Ball y Dragon Ball Z (películas incluidas) son de broma. Los saiyajin (jin significa persona), esa raza poderosa que sembró el caos en todas las galaxias conocidas no es más que la palabra yasai (verdura) dada la vuelta. Vamos, que Toriyama, así subliminalmente le dice a los chavales que coman verde, que es muy sano. No se libra ni uno y la mejor muestra es Vegeta, aunque se cumple con todos y cada uno de los personajes. Así, la familia de Bulma (nuevamente ella incluida) la conforman todos las piezas de ropa interior masculina y femenina típicas, los amigos iniciales de Goku son variedades de infusiones (Puar, Oorong…, piénsenlo bien), las fuerzas especiales de Freezer son derivados de la leche y la familia del propio Freezer son tipos de neveras. La saga de Piccolo Daimaoh está caracterizada por los instrumentos musicales. Los malvados de la saga de Boo proceden de la canción infantil Bibidi, Babidi, Boo y así hasta completar todo el plantel de personajes, que no son pocos. 

Dos pesos pesados del manga volando juntos: Cross Epoch

Toriyama, venerado por la mayoría de escritores de manga actuales, no ha perdido el tiempo y rápidamente se ha sabido arrimar al sol que más calienta, que en este caso es Eiichirō Oda, responsable de las aventuras de Luffy y compañía en su incansable búsqueda del One Piece (tras quince años el manga va por la mitad, pero tiempo habrá de comentar la jugada otro día) y juntos han creado una especie de crossover titánico conocido como Cross Epoch, que, si bien es una historia sin mucha miga, permite a sus fans disfrutar de una colaboración entre ellos.


Y ahora, en esencia, vive de las rentas de sus grandes títulos (a veces en exceso, todo hay que decirlo, realizando películas conmemorativas de baja calidad o pasando a cobrar por sagas que él nunca ideó, como la GT), donde Dr. Slump y Dragon Ball fueron los primeros éxitos pero ni mucho menos los únicos. 

De una manera u otra, Dragon Ball sigue en la retina de millones de chicos (y no pocas chicas), unos creciditos y otros no tanto. Por si a alguien se le había olvidado quién era Son Goku, el año próximo se estrenará un nuevo largometraje que gustará a unos, disgustará a otros y del que Toriyama hará caja una vez más, para llenar sus ya rebosantes arcas.

Para concluir, dejo uno de los mil vídeos que existen en YouTube sobre curiosidades del anime (algunas son tonterías pero otras pueden tener cierto interés). Si a alguien le interesa realmente, hay un montón  por el estilo, aunque la voz de Loquendo llega a ser bastante cargante):


sábado, 29 de noviembre de 2014

Dragon Ball I (doragon booru ichi, ドラゴンボールいち, ドラゴンボール一)


El origen de todas las aventuras y también su fin
Allá por el año 1984, un joven e imberbe (tampoco es que ahora sea de los ZZ Top, pero para entendernos) dibujante de manga con un gran sentido del humor había alcanzado cotas suficientemente altas con su Ópera prima, Dr. Slump, basada en las andanzas de la niña-robot Arale y su pueblecito Villa Pingüino, como para atreverse a dar otro salto en su carrera y meterle mano a uno de los libros capitales de la literatura china, Camino al Oeste, reconvirtiéndolo en la que sería su franquicia más célebre (y rentable): las aventuras de un mocoso que, a todas luces -y nunca mejor dicho- parecía que hubiera metido los dedos en un enchufe, tanto por su pelo, como por la capacidad de emitir energía -ki lo bautizó inmediatamente Toriyama- y siete bolas del Dragón que al juntarlas resultaban la versión todavía más oriental si cabe de la lámpara de Aladino y es que entre un genio y un dragón, pocos habrá que elijan al primero.

Sea como fuere, su éxito fue arrollador, gracias a muchos pequeños aciertos tales como:

La bondad del protagonista (innata no, como se explica a lo largo de la historia) capaz de permitirle subir a la nube a la que sólo los puros de corazón podían (Kinton), hacerse amigo de la pandilla de rufianes que le salía al paso capítulo tras capítulo (del manga, episodio tras episodio del anime) hasta convertirlos en sus mejores amigos, tras derrotarlos, eso sí, ganándose su corazón y el de hordas de niños de varias generaciones que leyeron el manga, vieron el anime, coleccionaron sus cromos, jugaron con sus muñecos, colgaron sus pósters... Si bien es cierto que la mayoría se irían diluyendo en las sucesivas sagas -Yamcha, Ten sin han y Chaoz apenas hacían acto de presencia desde los superguerreros y Krilín parece que estaba en el ajo para morirse una y otra vez y poco más, para futuro regocijo y cachondeo en las redes, aunque también para convertirse en el humano con más novias inverosímiles de la historia, con permiso de Paquirrín, naturalmente, en los pocos momentos que tenía de vida-, algunos se mantendrían hasta el final, como Piccolo o Vegeta. Eso no significa que no diera matarile a algunos de los asesinos más sanguinarios del Universo, entre los vivos y entre los muertos, que es bueno, pero no tonto.

Muchos mangaka han homenajeado a Toriyama y Dragon Ball...
-El atajo de maestros majaderos, pervertidos, seniles…, en los parajes más inverosímiles (un minúsculo islote que no entiende de mareas ni de tormentas, un planeta minúsculo -he visto pipicanes más grandes- perdido de la mano de dios en el mundo de los muertos con un deportivo a la puerta para dar la vuelta al mismo, otro encerrado por un hechizo en una roca aparentemente irrompible…) pero sabios en lo suyo, a los que Goku, por otra parte, respeta por encima de todo y de los que aprende algunas de sus técnicas definitivas.

-La miríada de aparatos freaks, geaks, futuristas que gastan Bulma y su padre, inventores de cápsulas que podían albergar en su interior coches y casas (ríete tú de las tiendas de campaña instantáneas del Decathlon), automóviles aerodeslizantes, naves espaciales intergalácticas que además son gimnasio para alienígenas exigentes, cambiaron el concepto tecnológico de pequeños y grandes y al igual que el aero-monopatín de Michael J. Fox cada vez quedan más lejos de la ciencia ficción y se acercan más a la ciencia aplicada, aunque quede mucho todavía. En Japón actualmente están haciendo pruebas satisfactorias con el shinkansen (tren de alta velocidad nipón) que gracias a campos electromagnéticos no necesita tocar el suelo para desplazarse, reduciendo el rozamiento y logrando velocidades de más de 500km/h y que aparentemente coincide con el 50º Aniversario de las Olimpiadas de Tokio, pero que, curiosidades de la vida, lo hace también con el 30º de Dragon Ball.

...Y no pocos artistas en la Red, con resultados sorprendentes...
-El argumento que en Dragon Ball era más superficial y divertido, con momentos hilarantes, algunos incluso subidos de tono (ese tipo de cosas sucede más a menudo en Japón y especialmente en el manga) y que en Dragon Ball Z torna en algo más trascendental al tener que defender todos los planetas del dominio tiránico de despiadados exterminadores (y no los de las cucarachas del barrio). Lo cierto es que, puestos a analizarlo con perspectiva, la trama de la mayoría de sagas es similar e incluso plana -a excepción quizá de Freezer, Piccolo Sr., los Superguerreros y alguna película-: un doctor malvado, un padre preocupado por el potencial de su hijo… sin apenas fuerza decide crear-tutelar a alguien-algo con un poder inimaginable y muy malas pulgas sin éxito a largo plazo, ya que, indefectiblemente, el creador acaba siendo víctima de su propio monstruo, para dar paso al enfrentamiento final, que es el que cuenta, para que los muchachos resuelvan en el último momento, al borde de sus fuerzas y comandados por Goku -esto sí que es común a todas las historias-, no sin antes deleitar a los fans con un recital de movimientos supersónicos, golpes imposibles, destrucción de bienes inmuebles y bolas de energía que alumbrarían Las Vegas desde el Pleistoceno hasta un futuro muy, muy lejano -“menos mal que no existen estos tipejos”, pensarán los capos de las eléctricas, sin darse cuenta de que, en la mayoría de casos, los tipejos son ellos mismos-. Rompiendo una lanza en favor de Dragon Ball, cabe decir también que pocos de los mangas de la época han resistido bien el paso de los años y otros que marcaron igualmente a la generación noventera y posterior envejeciendo mucho peor todavía, como el caso de Los caballeros del zodíaco (Saint Seiya) u Oliver y Benji (Captain Tsubasa) que, por mucho que apelen a nuestra nostalgia, no resisten un visionado adulto.

...Aunque también hay quien hace bromas.
Tanto el manga como el anime posterior se tradujeron a todas las lenguas conocidas -en Nueva Zelanda hay tribus sin apenas contacto con la civilización pero que intuyen que no conviene enfadar a Vegeta, no digo más- y su trascendencia fue tal que redefinió en buena medida el género (hay pocos mangaka que no tengan las obras de Toriyama como referentes clásicos). No en vano, después de 30 años, sigue bastante fresco y ocasionalmente, aunque algo irregulares, aparecen algunas películas para hacer las delicias de sus jóvenes y no tan jóvenes fans.

Como amenacé la semana pasada, el homenaje a Goku y sus amigos no se podía quedar en un sencillo post, así que la próxima se llenará de curiosidades, guiños, bromas y chascarrillos de Toriyama (que llega a ser genial en muchos momentos), unos conocidos y otros, no tanto, en lo referente a Dragon Ball especialmente, como es natural.