sábado, 28 de diciembre de 2013

Navidades (kurisumasu, クリスマス)



Pasteles navideños por doquier
Para un emigrado de un país con una amplia tradición navideña (no de misa de gallo, pero sí de cenar en familia), pasar estas fiestas hacen que uno se vuelva un tanto nostálgico.

Y es que las fiestas en Japón se viven de una manera completamente diferente.

En primer lugar, como es natural en un país sin tradición cristiana, los festivos, en la inmensa mayoría de casos, no coincidirán con los de nuestro calendario. La tradición sintoísta, ligada al respeto a la naturaleza (día del mar, día de la naturaleza) unida a otros cultos saludables de corte laico (día del deporte) nada tiene que ver con Santiago, San Pedro o San Juan y, por descontado, Navidad, que es un día laborable como otro cualquiera. 

De hecho, la única coincidencia es la de Año Nuevo, ya que, aunque tienen Día de la Constitución y Día del trabajo, no coinciden con los españoles, como es natural. Pero de Año Nuevo tocará hablar en el siguiente post.

Ni muérdago ni acebo, Japanese style
La Navidad se celebra, como San Valentín u otras festividades: porque lo manda poderoso caballero don Dinero (aquí el capitalismo es brutal, pero he de reconocer que funciona mejor que en nuestro país). 

La gente gasta bastante dinero en regalos y pasteles, pero ¡Ojo!, en Japón esta festividad se celebra en pareja y no en familia, así que si la gente viene por trabajo, ya se puede buscar algún amigo para celebrarla, porque si ya es triste estar fuera de casa, si además le recuerdan a uno que está más solo que la una, de celebración tendrá poco, poco.


Al menos, muchos japoneses se afanan con la decoración -es cierto que hay horteras, como en todas partes, con más luces que en un club de carretera-, algo imprudente, por la cercanía de aeropuertos, no se vayan a equivocar. No falta el clásico Santa Claus trepando por la ventana o el arbolito en las principales plazas y centros comerciales, pero no es lo mismo…
 

Tony Tony Chopper: el reno más navideño

También tienen sus propios iconos y métodos, algunos, incluso, tomados del manga (el reno de nariz azul Chopper, procedente de la archiconocida One Piece rivalizará en popularidad con Rudolph, su homólogo de nariz roja), pero la mayoría, de nuevo, de las viejas tradiciones y de la naturaleza del lugar: en lugar de la rama de acebo pondrán otros igualmente coloridos y originales.


La verdadera tradición familiar es la de Nochevieja y todavía más la de Año Nuevo (pocas uvas y muchos fideos soba, no digo más). Pero para saberlo, habrá que esperar hasta el próximo fin de semana, al menos por este medio. 



Para terminar, dejo un anuncio navideño de los de aquí de uno de mis ídolos de este 2013, Kyary Pamyu Pamyu (está duplicado, pero es lo que hay):



¡Feliz 2014!

viernes, 20 de diciembre de 2013

Hágalo usted mismo: pasta de arroz (mochi, もち, 餅)



Mucho macho para hacer mochi a toda mecha...
 Este mes de diciembre viene plagado de nuevas secciones en el blog. Procedo a relatar una experiencia personal que a la vez es una tradición de estas fechas en Japón: la confección del mochi o mochitsuki, donde la principal protagonista es la llamada pasta de arroz, ampliamente utilizada, tanto en platos salados como dulces e incluso como decoración navideña, dada su enorme versatilidad.

Del mismo modo que los españoles organizamos parrilladas, los japoneses quedan para elaborar la citada pasta, entre amigos, familia o, como sucedió en mi caso, una agrupación vecinal, que todos los años se reúne en invierno y verano (de la reunión de agosto hablaré cuando proceda). Por si fuera poco, el proceso suele ser similar, ya que hay que preparar un fuego (aunque sea para cocer abundante agua y no para asar) y habitualmente otra hoguera para cocinar boniatos (como las patatas o las morcillas, metidas en papel de plata entre las brasas).

 

Hasta aquí las similitudes. 

Las áreas de acción se dividen en (hablo de las tradicionales, ya que no hay que olvidar que estamos en Japón y tienen la versión automatizada de todo): 

    a)      Unos barreños con agua hirviendo.
    b)      Los cajones para cocer el arroz.
    c)      El gran mortero (usu) y el pesado mazo (kine) para convertirlo en la pasta que se usará despúes.
    d)      La cocina de toda la vida, donde se harán los platos con el mochi.


En los cajones se hace el arroz. ¡Qué gente!

Las cajas no son más que unos cajones con sus asas, que ensamblan entre sí, unos encima de otros y todos ellos, a su vez, sobre una máquina que genera vapor constante (para eso contribuyen calentando agua en otra parte). Los cajones van cambiando de lugar (de abajo a arriba en función del calor y la humedad que precisen), mientras que el arroz en su interior, una variedad especial, del ya de por sí diferente arroz japonés, llamado mochigome (arroz mochi), está cubierto por un paño mientras se cuece. 


Como los nipones son mucho de mantener estas cosas inmutables con el paso de los años, las mujeres se encargan de buena parte de la cocción y de dar forma y rellenar los pasteles de arroz resultantes, pasos b) y d), mientras que los hombres mirarán el fuego (pese a la laboriosidad propia de estas buenas gentes, pude comprobar que para estas cosas hacen como en España: trabajan dos, miran diez, eso sí, comentando la jugada en todo momento) y, aquí sí que se lucen, darán con los mazos alternamente al arroz cocido para moldearlo, pasos a) y c). Lo que no se cuenta es que la que dirige en todo momento el proceso suele ser una mujer, mientras se encarga de mantener el engrudo permanentemente húmedo, mojándolo en los impases que dejan los fornidos mozos al golpear a la masa.

Cuando se hace a máquina pierde la gracia

Lo vistoso es el fuego y el darle más palos al arroz que a una alfombra al sol, por lo que parece que el protagonismo es cosa de hombres, pero nada más lejos de la realidad, siendo un trabajo compartido y bien llevado, donde al final todos disfrutan y comen lo trabajado, ya sea en pasteles (con pasta de judías dulces o anko, que en nada se parecen a las judías verdes, aunque hay innumerables variedades), realmente deliciosos, harina de soja (kinako) y azúcar, muy ricos y dulces también o salado, en sopa de verduras, con natto, una pasta elaborada con semillas de soja fermentadas de potente sabor amargo formando filamentos pegajosos cuando se come, por lo que su popularidad entre los extranjeros es reducida, aunque a los nipones les apasiona, especialmente durante el desayuno.



Aquí un vídeo casero del invento:

El golpeado del mochi para convertirlo en masa, por su parte tiene una técnica específica, donde en principio se amasará entre varios apretando el arroz con los propios mazos haciendo pequeños círculos con el mismo, suavemente, antes de empezar a darle con un movimiento propio de un hacha cortando troncos, cargando la fuerza del cuerpo entero cuando el mazo está en el punto álgido y descargándola después sobre la masa, bien en solitario o en pareja, alternando el golpe (permitiendo a un tercero mojar el engrudo entre cada tañido).

Los deliciosos pastelitos con relleno: el producto final
 
La textura del mochi es gomosa y el sabor neutro, como el propio arroz, por lo que combinará con todo sin problema, multiplicando las combinaciones.


Las dos próximas ediciones serán especiales: Navidades en Japón y Año Nuevo en Japón, con sus particularidades, siempre interesantes. Felices fiestas a todos.

viernes, 13 de diciembre de 2013

Clases de geografía: Tokio (toukyou, とうきょう, 東京)



Es el momento de inaugurar una nueva sección.  Un recorrido que comienza por la capital para ir desglosando el resto de urbes que conforman la geografía nipona.

Tokio es uno de los “puntos calientes” del globo, ostenta el título de mayor área metropolitana del planeta (también la más poblada) al que se une Yokohama y otros suburbios (hablamos de 33 millones y medio de personas aproximadamente, que es mucha, mucha gente) o la ciudad más cara, entre otras cosas, seguida de cerca por Londres.

Gracias en buena medida al empuje de estas dos ciudades que forman un todo, con su industria y su tecnología, Japón es la tercera potencia mundial, pese a ser un país más bien pequeño, amenazado constantemente por fenómenos de la naturaleza como sismos con sus consiguientes, en ocasiones, tsunamis o tifones (nada de un chaparrón y ya está, aquí cuando la cosa se cruza, se cruza de verdad), no tener ejército (el resto de potencias mundiales se encargaron de eso tras la II Guerra Mundial) y seguir pagando, sin aparente fecha tope a países como Corea o China por las consecuencias de la citada contienda.

La capitalidad de Tokio es un asunto divertido: nunca se ha formalizado en papel el cambio de Kioto a Tokio, pese a que los emperadores y la corte se mudaran progresivamente de la una a la otra, por lo que hay quien sostiene que la primera sigue siendo la capital, o, como poco, co-capital (viene a ser como si alguien deja de ver a la que ha sido su pareja y la sigue considerando como tal aunque la vea por la calle con otro/a, porque no lo han formalizado: un cachondeo, vamos). Se trata de una ciudad relativamente reciente (1457), con nada menos que 23 barrios, algunos tan conocidos como Shibuya y que iré desgranando en próximas ediciones dado el alto interés turístico de los mismos (no todos pero una decena aproximadamente aparecerán en el blog tarde o temprano, o sus puntos de interés).

Los kanjis (que tanto fascinan y traen por la calle de la amargura al mismo tiempo a todo aquel que se aventura a aprenderlos) significan capital del este 東京 (Toukyou-to, que así se expresa fonéticamente, si bien la u se pronuncia como otra o) mientras que Kioto京都 (Kyoutou-shi) será ciudad capital.

El metro está considerado el más caótico e intrincado del mundo, algo que solventan gracias a su impecable puntualidad. Cuenta, como el país entero, con otras líneas férreas que conectan con gran eficiencia y rapidez unas áreas con otras (salvo cuando alguien se tira al tren, algo más frecuente de lo que puede parecer, que como es obvio, hay que parar).

Esto es todo por hoy. Sin fotos (sin que sirva de precedente), pero con mucha información. Próximamente, un análisis pormenorizado de las tradiciones propias de las fechas que se avecinan, sin Belén, uvas, cotillón o Reyes Magos (¿de dónde iban a venir, de Occidente?), pero con otras peculiaridades igualmente interesantes.

viernes, 6 de diciembre de 2013

Coches II (kuruma, くるま, 車)

La inmensa mayoría puede reconocer las marcas clásicas de coches por su logo o emblema. Cuando alguien habla sobre Audi o Citroën, por poner un ejemplo, vienen a nuestra mente los cuatro aros entrelazados o las dos comillas que apuntan hacia arriba.

Modelos de Toyota: muchos mantienen el óvalo pero cambiando el interior

El caballo rampante de Ferrari o la M de Mazda (Matsuda en japonés, nombre que, por cierto, proviene de una deidad zoroástrica representante de la sabiduría y el conocimiento y ya de paso coincide con el de su fundador Jujiro Matsuda), son igualmente reconocibles.

En Japón (y fuera del país también) la M de la ya mencionada Mazda, la H de Honda, la S de Suzuki o el círculo de Nissan son bastante familiares. Algo más raro es el diseño que identifica a los coches de la compañía Subaru pero sin duda, la empresa que se lleva la palma es Toyota, que con su T con un diseño sin parangón en el que se reconocen todas las letras de la marca (de la T a la A) destaca por encima de todas las demás.

No obstante y demostrando lo mucho que aparentemente les gusta ir un punto más allá a los diseñadores japoneses (algo por otra parte muy loable), esta compañía tiene otras filiales que lucen la D de Daihatsu y la L de Lexus.

El aguilucho del Toyota Harrier, hace honor a su nombre

Hasta aquí todo correcto, pero como digo, van más allá y de este modo, un sinfín de modelos del gigante nipón con mayúsculas tienen su logotipo propio, alejado de la susodicha T, que, esto conviene decirlo, sí coronará el maletero. Así, muchos de estos modelos que no han salido de la isla (únicamente se fabrican con carácter nacional) poseen emblemas irreconocibles, como los Voxy, Noah, Crown, Harrier, Carina o Ist entre otros muchos, ya que la lista es muy larga. 



La corona de crown. No se complicaron con el nombre

Los taxis suelen ser Crown (no es exclusiva, como sucede con la marca que diseña los taxis londinenses), aunque muchos están empezando a utilizar el Prius, híbrido de gran utilidad para los desplazamientos por ciudad. Cada vez más, los eléctricos están  en alza y las calles niponas se van llenando de vehículos silenciosos y respetuosos (más que los otros, cuando menos) con el medio ambiente.




Algunas vienen hasta con luz, como la espada de Luke
Las matrículas son otra gran novedad. En función del modelo son de un color u otro combinando siempre números y letras en hiragana y kanji, en función de la prefectura de procedencia. Los coches más pequeños (algunos parecen de esos sin carné) poseen matrículas con letras negras sobre fondo amarillo. Las berlinas (grandes coches), por su parte, lo hacen con letras verdes (casi negro) con fondo blanco y así una extensa variedad que transcribo aquí directas de la wikipedia, si bien confirmo que están correctas:

Tipo
Motor (cc.)
Color de la placa
Letras
Dimensión de la placa
Vehículo privado
>660
Blanco
Verde
Medio o largo
Vehículo comercial
>660
Verde
Blanco
Medio o largo
Coche pequeño (Keicar)
<660
Amarillo
Negro
Medio
Coche pequeño comercial
<660
Negro
Amarillo
Medio
0–49
Azul cielo
Azul
Muy pequeño
2 ruedas
0–49
Blanco
Azul
Super pequeño
2 ruedas
50–89
Amarillo
Azul
Super pequeño
2 ruedas
90–124
Rosa
Azul
Super pequeño
2 ruedas
125–249
Blanco
Verde
Pequeño